lunes, 5 de enero de 2015

Washington no puede levantar el embargo sin que Cuba cambie

Washington no puede levantar el embargo sin que Cuba cambie
En entrevista con La Razón el ex canciller Jorge G. Castañeda platica
sobre su autobiografía Amarres perros; abunda en su relación con la isla
y su papel como titular de la SRE en el sexenio de Fox; se ve como
testigo, no protagonista

A raíz de la aparición de Amarres perros (Alfaguara, 2014), La Razón
conversó con su autor —el articulista, académico y ex secretario de
Relaciones Exteriores Jorge G. Castañeda— sobre algunos capítulos de
esta autobiografía de más 600 folios: se conformó un diálogo sobre la
situación actual de México, Fidel Castro (Cuba), Estados Unidos,
Kennedy... Figura polémica en los círculos políticos, el autor de La
utopía desarmada (1993) revela en esta entrevista los objetivos
esenciales de su nueva obra, un libro que es, más que todo, la crónica
de la vida de una personalidad intensa: retrato subjetivo y provocador
de las circunstancias que escoltan a México en los últimos 60 años.

Amarres perros: estamos en presencia de una autobiografía, no en el
sentido canónico: aquí el narrador está constantemente en una actitud
discursiva sinuosa, en decididos saltos en los tiempos y en los
espacios. ¿El objetivo era ése, exponer episodios fragmentados que el
lector tendrá que amarrar? Sí, no es un relato lineal, cronológico ni
ortodoxo. Hubiera necesitado, para que funcionara de esa manera, que se
cumplieran dos condiciones: un gran talento literario —que no tengo:
escribo bien y punto—, o que yo fuera un personaje tan importante que
diera cabida a una lectura de un sumario de sucesos cronológicos. Eso es
posible en vidas como las de Juan Pablo II o de Fidel Castro, por
ejemplo. En mi caso ninguno de los dos escenarios se cumple. Entonces
tuve que buscar una manera de romper la continuidad, y me gustó ésta, en
que recurro a una suerte de estructura discursiva con frecuentes flash
back. Sí, el lector se puede desconcertar al no percibir una
continuidad, pero no se someterá a la monotonía de la numeración lineal
de sucesos.

Esa discontinuidad conforma uno de los méritos de un libro. Quizá sea
porque lo está contando Jorge Castañeda: primero, una figura en la
política mexicana polémica y controvertida que ha tenido presencia en la
política latinoamericana y, segundo, por el protagonismo que tuvo
Castañeda, durante los primeros años del gobierno de Fox, como
canciller, y el enfrentamiento abierto a la dictadura de los Castro.
¿Por qué este narrador siempre es más que todo informador, cronista? Hay
una intención de reivindicarme y tratar de explicar, por ejemplo, qué
fue lo que pasó en el 68, cuando tenía 15 años; por definición no soy ni
participe ni testigo de ese suceso, pero tengo acercamiento a ese año
por documentos, los cuales me permiten explicarle a un lector joven qué
pienso yo que pasó en aquel año trascendental. No escribí un manual
académico: me interesaba exponer mi pensamiento, mi punto de vista, los
elementos que poseo para pensar lo que pienso. No dudo que mi historia
personal y mi enfrentamiento polémico con el gobierno cubano cuando fui
canciller hayan determinado cierta curiosidad en los lectores para
acercarse al texto, pero creo que lo más importante es la exposición
detallada de determinados hechos sin querer ser protagonista, sino
testigo. A un lector le bastarán esos elementos y dirá: "sí tiene
razón"; otros comentarán, "es una buena idea, pero no está comprobada";
y otros señalarán "éste es un mentiroso".

En uno de los folios iniciales el narrador de siete años confiesa su
admiración por Napoleón después de leer una biografía de éste.
Interesante su simpatía por la figura del militar francés, y más tarde
por la de Kennedy: a partir de ahí hace algunas digresiones al asesinato
en Dallas y resalta su despertar y curiosidad por la política... Lo de
Napoleón quizás sea curiosidad infantil; pero lo de Kennedy es clave en
mi formación: es el primer recuerdo político que tengo, tenía yo siete
años, esto fue en noviembre de 1960, me acuerdo perfectamente de la
noche de las elecciones presidenciales en EU cuando dieron los
resultados en la televisión y no se supo hasta la mañana siguiente quién
había ganado. Ésa es mi primera remembranza política y así lo cuento.
Luego aprovecho y lo voy articulando con lo de la CIA en México, todo el
asunto del señor Winston Scott y su hija, novia mía: mi primer fracaso
de seducción. La hija de Octavio Paz, quien ya murió, estaba en ese
coctel famoso de gente de izquierda donde supuestamente, estuvo Oswald
—en su paso por la Ciudad de México mientras esperaba una visa para
entrar a Cuba—; pero es una trama muy larga. Quizá yo estoy obsesionado
con los políticos castristas y sus maldades, pero no soy el único que
dice esto de los vínculos de Castro en el asesinato del presidente
Kennedy, mucha gente seria lo plantea.

Curiosa la aparición y desaparición constante de Fidel Castro en la
trama de este almanaque autobiográfico: de repente el narrador sólo lo
cita, y por momento es un personaje clave. Fidel Castro como una sombra
que habita buena parte de las páginas de estos amarres suyos. ¿Por qué?
Es que Fidel Castro, perdone el lugar común, es una figura central en la
historia latinoamericana. Los vínculos de Castro con México son
históricos. Por ejemplo, muchos presos políticos mexicanos fueron
después a parar a Cuba como exiliados. El México de principios de los
70, con aquellos secuestros de aviones de Mexicana, muchos presos llegan
a La Habana. A mí me busca en París, a principios de 1974, un grupo de
mexicanos que quería escribirle una carta abierta al gobierno cubano
pidiendo que no metiera a la cárcel a los presos mexicanos en la visita
de Brezhnev a La Habana: firmé esa carta. En 1971, con Joaquín Hernández
de Armas, quien era el embajador cubano aquí, me aceptaron para ir a
pasar el verano en una de las brigadas Venceremos. Como se ve, Fidel
Castro y Cuba rondan buena parte de mi biografía. Por eso esa presencia
del personaje en estos apuntes.

Narrador miembro del partido comunista mexicano, quien rompe con la
izquierda y se convierte más tarde en canciller de un presidente de
derecha (uno de los episodios más controvertidos de las actuaciones
políticas de Jorge Castañeda). Hay en este libro un sumario de
testimonios polémicos de una actuación pública rodeada de querellas.
¿Cómo pudo usted esconderse detrás de ese narrador huyendo del
protagonismo? En muchos casos una amiga —Deborah Holtz—, quien me ayudó
en la edición, en la compaginación de lo que cuento, me dijo: 'Tú no
tienes que andarlo pregonando, que lo diga el texto; tú no tienes que
decir que convenciste a Fox de esto o de aquello o que decidiste tal
cosa en las relaciones con Fidel Castro. No, tú nada más cuenta lo que
sucedió y que el lector solito deduzca que, efectivamente, tú fuiste el
factor concluyente del suceso, pero debe hacerlo de manera más
sobrentendida, tácita'. Así pude situarme a cierta distancia de los
gestos y ser, tal vez, más objetivo.

Autobiografía que es una suerte de crónica, apuntes, conjeturas y hasta
reportaje de toda una época de América Latina. Obsesión por el caso
cubano. Si Fidel todavía puede leer, estoy seguro que va a comentar:
"otra vez Castañeda insiste". Usted decía que no había una intención
literaria, pero hay pasajes muy hermosos, sobre todo de su infancia...
Bueno, yo traté de escribir lo mejor posible, y de cuidar la redacción
lo más que pude; quizás al término de tantos años de estar escribiendo
casi a diario, unos pasajes me salieron mejores que otros y a lo mejor
eso explica que mucha gente se ha sentido atrapada por el libro a pesar
de su extensión. Unos lo leen de un jalón. Aclaro, no fue mi intención
hacer literatura, pero me da gusto que se lea de manera sumamente fácil,
amena y ligera: el lector no se da cuenta de que está soplándose más de
600 páginas.

Apresa también la madre del narrador, quien tiene cierto gusto por el
arte, por la música. Hábleme un poco de esa madre. Era una mujer
fantástica, que durante muchos años hizo muchas cosas por mucho tiempo:
trabajaba en la ONU como intérprete, tenía una familia, era la esposa de
un embajador, alto funcionario mexicano. También trabajó en Naciones
Unidas en el programa de medio ambiente. Viajaba, leía, discutía, era
una mujer que hacía muchísimas cosas y las hacía muy bien. Mujer con una
diversidad de gustos, de pasiones, de predilecciones: le gustaba la
buena mesa, viajar, lidiar, era excepcional. Y en ese sentido yo me
parezco mucho a ella por esa dispersión o versatilidad, como se le
quiera llamar. Mi padre era más clavado en lo suyo. Era uno de los
grandes maestros del derecho internacional en México y América Latina;
era un hombre muy culto que le encantaba leer, visitar museos y
catedrales, viajar, la buena mesa... Hombre de intereses múltiples como
lo era mi mamá y como lo soy yo. Heredé esos intereses de dos seres
maravillosos determinantes en mi formación intelectual.

¿Cuál es el objetivo, tanto de Obama como de Raúl Castro, en este
coqueteo de restablecimiento de relaciones diplomáticas después de más
de 50 años de intensa pugna política? Yo lo único que sé, que creo
saber, además de lo que he dicho, es que esto no significa nada: ambos
sacan provecho mediático, reconocimiento de las cancillerías, pero en la
vida cotidiana de los cubanos comunes o de los cubanos en Miami o en
México, no significa nada. Y es muy posible que sea el primer paso hacia
el cambio del régimen interno en Cuba. Porque no hay manera de levantar
el embargo sin un cambio en el régimen político de la isla, no se puede
levantar el bloqueo sin libertades y democracia para todos los cubanos.
Se puede desvincular en el tiempo causal y lógicamente, se puede
disimular al máximo que una cosa implica la otra, todo eso se puede
hacer. Lo que no se puede hacer es levantar el embargo sin cambios
sustanciales en el régimen de La Habana. Eso, además, es muy grave
porque tiene una explicación y un origen —gente como Rubén Cortés y
Rafael Rojas deberían decirlo—: es culpa de Clinton cuando no veta la
ley Helms-Burton, la cual acepta que sólo se levantará el embargo con 60
votos en el Senado, cuestión imposible. Clinton no la veta, y lo hubiera
podido hacer.

Si Raúl Castro quiere que cambie la situación económica de Cuba, la
derogación del embargo ayudaría mucho: la única manera de levantarlo es
cambiando el régimen. Lo que Obama le dio a Raúl es la desvinculación:
hoy les damos esto y mañana ustedes hacen esto: ni me digan cuándo, yo
quiero enterarme por la prensa. Es un poco lo que hizo Clinton con
Zedillo, cuando el rescate mexicano. Clinton va al Senado y pide al
Congreso 52 mil millones de dólares. Primero el Congreso dice sí, y
luego dice no: "a estos mexicanos no les vamos a dar nada". Y Clinton
dice: pues yo tengo mi dinero y yo se los voy a dar, y nos da los 52 mil
millones de dólares. Hubo un subtexto entre Clinton y Zedillo. Clinton
dijo: "A ver Zedillo, te voy a dar esta lana que es mía, y me está
costando mucho hacer esto, tú me tienes que asegurar que en el 2000 la
oposición pueda ganar". Y Zedillo fue dando los pasos con la reforma
electoral: la derrota del PRI en el 97 en el DF y en el Congreso, y la
victoria presidencial de Fox en el 2000. ¿Lo escribieron?, no; tal vez
ni lo dijeron, no había necesidad de decirlo. Eso es lo que yo creo.
Además, las empresas estadounidenses, claro, van a pedir que Cuba les
devuelvan sus propiedades, tienen ya las demandas. Porque son exigencias
de propietarios americanos en aquel entonces, súmese las solicitudes de
los propietarios cubanos que se volvieron americanos. Es una cuestión
jurídica muy complicada.

La situación política del Mexico actual después de la desaparición de
los 43 normalistas. ¿Cuál es su visión? Yo creo que no va a pasar nada,
pero que sí ya se ha vuelto un gobierno muy debilitado, el cual no va a
poder hacer cosas fácilmente. No se va a caer, ni habrá golpe de Estado.
Nada de eso va a suceder. Pero, sí puede resultar que ese gobierno
debilitado no pueda realizar los grandes proyectos concebidos. Va a
administrar el país, pero implementar las reformas, ¿quién sabe? Atender
los problemas cada vez más fragmentados en el país, ahora es Michoacán,
la semana entrante puede ser Tamaulipas, y así sucesivamente. Tenemos
una economía muy aletargada todavía, que no termina de despegar y va a
tener consecuencias muy serias la caída del precio del petróleo.
Entonces yo digo que vamos hacia un gobierno no paralizado, pero cuyo
debilitamiento puede acercarlo a la paralización.

Source: Washington no puede levanar el embargo sin que Cuba cambie :: La
Razón :: 5 de enero de 2015 - http://www.razon.com.mx/spip.php?article242384

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